Blanca Alegre presenta “La manta de retazos”

“La manta nos puede dar cobijo o nos puede ahogar”

Blanca Alegre, trabajadora social, comunicadora, docente, maestra de teatro y psicodrama, jubilada desde hace pocos meses, madre de 2 hijos, participante activa de la producción cultural en Pico Truncado y permanente buscadora de experiencias de crecimiento, ha publicado su primer libro. Es un libro de relatos autobiográficos que permite reflexionar sobre el rol de la mujer en esta sociedad y la influencia de su entorno. A pocos días de su publicación, dialoga con Tramas acerca del producto y del proceso. El libro se llama “La manta de retazos“, se presentará en Pico Truncado el 8 de marzo próximo y es una publicación de Vela al Viento, Ediciones Patagónicas.

El nombre me costó un montón, lo elegí al final de todo el trabajo, de todo el proceso, tiene que ver con la cultura, con la relación que tenemos las personas, la que tengo yo con lo que yo vivo, con lo que yo creo. Somos víctimas y beneficiarios de nuestra propia cultura. O sea que tenemos mucho que aprender de lo que se nos dice, de lo que se nos enseña de la ternura del cobijo, pero también te puede ahogar en eso de buscar tu identidad y tu emancipación“.

La periodista la escucha y va recorriendo en su memoria los relatos, cortos para sintetizar su vida que comenzó en Gran Buenos Aires, pasó por la Universidad de Morón y de allí vivió experiencias laborales y personales en Río Negro, Chubut y Santa Cruz.

El libro en su espacio

Lo que pasa es que es un recorte, por ahí la parte donde uno empieza a entrar en la adultez, desde los 23 años y hasta los 30, encima tiene la coincidencia de que son las edades de mis dos hijos ahora y todas las cosas que uno tiene que resolver cuando uno deja de ser un adolescente y entra en el mundo laboral. Nosotros, nuestra generación, ya entraba de lleno a la pareja y a los hijos. Hoy los chicos pueden estirar un poco más y tomarse más tiempo. El papel de la familia, de los afectos, de los amores, del sexo, del descubrir, del poder ser madre o no serlo, de quedarse en una relación o correrse, que no deja de asombrar que unos podamos y que otros no. Y que es un derecho, uno lo descubrió hace muy pocos años. Pero en esa época no se sabía que era un derecho poder elegir“.

Los diez relatos del libro, aunque saltan en años, se pueden leer de corrido, ya que se presentan en orden cronológico. Es una larga historia narrada en momentos:

Una persona a la que consulté me sugirió que escriba, parece que es así, yo estoy aprendiendo. Tenes que escribir como 80 hojas para saber de qué querés hablar. Hasta que uno no se pone a escribir, no sabe de qué quiere escribir. Me sugieren escribir 80 y yo escribí 300. Porque soy trabajadora social, tengo la exigencia de que esté todo, de decir todo y además esas 300 páginas tenían todo el vicio profesional de tratar de que todos los personajes tengan explicación, aún la protagonista“.

Descubrimos de entrada la tremenda exigencia que constituyeron los comienzos del libro. Un compromiso, un propósito, una tarea muy disciplinada:

De eso vive uno, yo viví muchos años de hacer eso. Explicarle a otro que no conoce la historia, por qué le pasa eso a esta persona, que no hay que juzgarlo. Pero la literatura es otra cosa, tiene que mostrar quiebres, cosas oscuras, cosas que no se llegan a entender y aprendí. Esto me lo marcó mi hija que es una de las editoras, que hay que dar lugar al otro, al lector, para que reponga el sentido. El que está leyendo dice “una ventana al mar” y que ponga su mar y que ponga su ventana, no decirle de qué color era y cómo estaba, si estaba sana, si estaba rota. Tuve que salir de todos esos bretes“.

La pregunta parece primaria, pero quiere satisfacer la curiosidad del lector. ¿Cuánto tiene de autobiográfico, cuánto de ficción?

Ahora lo tengo muy trabajado. Soy esa persona que se describe ahí, pero el que me quiere ver ahora no me encuentra. Es que pasaron muchos años. En esos 20 años que transcurrieron hay como para dos libros más. Yo quiero despegarme un poco de lo autobiográfico y pensarlo desde un personaje distinto a mí. Pasaron muchas otras cosas que hacen que yo sea la de ahora. El juego fue meterse en la historia, salir de la historia, pegarse de vuelta. Por eso juego con la primera y la tercera persona. Aunque es muy difícil despegarse de la propia historia

Cada relato tiene elementos de vínculos entre mujeres, de mujeres en su trabajo, en su familia, con las personas que la rodean. Y en esos relatos hay vivencias compartidas que cualquier mujer puede vivir como propias. La escena de la protagonista embarazada en el baño, a punto de parir, con los miembros de la familia queriendo intervenir parece muy identificatoria. Esa incertidumbre que una mujer siente en ese momento en el cual no quiere caer en la influencia familiar pero se pregunta donde está el límite para pedir ayuda.

Cuáles son los limites entre el cariño y el afecto y poder desprenderte para hacer tu propia vida. Muchos hemos necesitado de los propios y acá hay algo general, el exiliado no sólo se va por una cuestión económica ni por una cuestión de seguir a una pareja, muchas veces uno se va porque en su pago se ahoga“.

Eso se transmite en los relatos. Esa migración o ese movimiento que no sólo es geográfico. El escape como un mal menor.

Legalmente sería ese el término. Yo soy un poco nómade. Pico Truncado es uno de los lugares en que más tiempo estuve. Desde Buenos Aires me vine a los 23 años. Pero en realidad acá estoy hace 21 años. Soy de no atarme a las cosas, sí de comprometerme en los lugares. He vivido en Río Negro, he vuelto dos veces a Buenos Aires. Porque creo que si hay un eje central en esta búsqueda de la identidad es el espacio propio. No importa dónde. Virginia Wolf habla de que una mujer solo puede escribir o producir, hacer arte o hacer su profesión, cuando tiene su espacio propio y un mínimo de dinero para tomar decisiones

El libro transcurre en escenarios geográficos, pero también históricos.

Así como lo de la maternidad y el momento del parto nos puede influir a todos, tardé un tiempo en investigar la época histórica, hay alusiones a gobiernos, inclusive descubrí momentos similares al que estamos viviendo ahora, los ajustes y el momento en que se va dejando afuera gente y uno hamacándose como un joven y ahora como una persona adulta por esos devenires del capitalismo. También la iglesia siempre jugó un papel de control, de poder. Estamos más atravesados por la cuestión religiosa de lo que podemos reconocer. Ya sea catolicismo o evangelismo u otros, las iglesias manejan y sostienen regímenes y decisiones culturales de las familias, de lo sexual, en el control. En la culpa, en la confesión, nuestra cultura está atravesada por la religión. Las dudas que planteo en ese texto en el que hablo muy fuerte de la iglesia y que los que han leído se quedan enganchados es algo que nos atraviesa. Una iglesia capaz de revolucionar y otra transando y ocultando. En cualquier lugar de acción política siempre están estos los dos bandos y los grises en el medio.”

¿Habrá sido tanta la influencia? En cada pregunta difícil, Blanca apela al humor con abundantes risas. “Quiero que sepan que si soy buena es por eso“.

Después de las risas y sin que pase un segundo de respiro, vuelve a la reflexión profunda. “Otra vez volvemos a la manta de retazos con la que hay que romper a veces. Galeano que había sido muy católico de chico, decía que la religión te daba la posibilidad de creer. Y de grande decía ´Yo creo en lo que puedo´. Hago mía esa frase. Creo en lo que puedo. Pero siempre creo. Uno es un creyente. Y eso es importante para intervenir la realidad“.

La geografía, la historia, la religión están en sus palabras, pero no le escatima momentos a la política.

Hasta en la cama aparece la política. Me ofrecieron casamiento, tener hijos para cambiarme de partido. Por suerte, en mi familia siempre se habló, se participó de lo gremial en algunas épocas y de la opinión política en otras épocas. Nosotros también pertenecemos a una generación de padres que estuvieron muy callados frente al horror. Por el miedo, por cosas que también pueden explicarse y comprenderse pero fue un gran silencio de una clase media, que no sé si no se sigue repitiendo, no sé si no es el silencio lo que sostiene este neoliberalismo atroz que sigue dando vueltas“. Blanca hace referencias de la realidad actual, con la misma preocupación con que relata lo pasado. Conexión entre pasado y presente que fluye naturalmente en la charla, y en su libro.

Con su hijo Franco

Llegamos al último elemento presente en los relatos y los retazos, la familia. “La familia…la gran institución. Yo vengo de matriarcados. Trabajando con el libro me dí cuenta de la fuerza de las mujeres de la familia paterna. Yo dije por mucho tiempo que no quería ser tan sumisa. Pero ellas aguantaron las cosas que aguantaron y te das cuenta que hicieron lo que pudieron desde lo profundo donde estaban oprimidas. Y del otro lado también tengo a María que aparece en el espejo en su silla de ruedas, paralítica a los 50 años. Creo que esa mujer se quedó paralítica para no pasar por encima de todo, porque era una topadora. Y no nos está permitido a las mujeres ser tan capaces. Por la familia materna, heredo mi problema de columna, ésto de paralizarte por miedo a hacer, por miedo a salir de la casa, a influir en el mundo, en la política, a tener voz, por los castigos que padece una mujer que habla.

En la charla que se desgrana en el patio de su casa del Barrio Gregores en Pico Truncado, con los mates, con las risas, con las reflexiones, le tiramos la imagen del libro como un parto, atravesando un embarazo con algunos inconvenientes, pero con la gran decisión de llegar a buen término.

Con su hija Daiana, que participó de la edición

Cómo me hubiera gustado que mi vieja escribiera tantas historias que cuenta y no se anima a escribir. Mi hija me decía…´tenés que escribir!´. A mí me costaba salir de lo académico. Tanto leer te contagiás de las ganas de escribir y hacer literatura. Me largué con esa idea y me llegaron los bochazos, los aplazos, ´que la historia no tiene conflicto´, ´que estás muy enganchada con la protagonista´. Yo había hecho un contrato para que me lo dijeran, pero hubiera querido que me lo dijeran más amorosamente. El aprendizaje es siempre con dolor y me la banqué. Y me mandaron a leer. Me compré los libros, los leí. Me mandaron a hacer talleres. Fue como si estuvieras tratando de rendir el ingreso a la universidad y te mandan a primer grado. Me la banqué y como yo creo que cuando uno busca, las cosas aparecen, apareció el taller literario en la UNPA en Caleta, que me lo recomienda una amiga mía que quiero mucho. Lo empecé en septiembre y fue algo espectacular. La profesora, Angelina Coicaud, me decía las cosas que quería escuchar, me daba los materiales, casi todo el grupo con una fuerte connotación política distinta al paradigma con que uno ve la realidad, pero la profe sabía separar la tarea de lo otro, dejaba espacios, quedaba ahí y uno lo podía hablar después y ella lo capitalizaba con mucho respeto por los textos, se mostró muy afectiva, estoy muy agradecida con eso. A pesar de nuestras diferencias. Están buenas las diferencias, no hay que decir todo el tiempo ´qué lindo estoy de acuerdo con vos´. Es para que el otro piense, se enoje, discuta“.

La charla deriva por las repercusiones del programa de radio en el que interviene en una radio local “Gente Trabajando”. Disfruta cuando hay halagos y cuando la gente no está de acuerdo. Siente que es natural la diferencia y no se enoja.

Al contenido, a la preparación, “La manta de retazos”, suma la artística, una tapa con un dibujo a color con el que está muy satisfecha.

La ilustración es de Jazmín Machiavelli, también  es un orgullo, es un acto de amor de mi amiga, me encanta su frescura y empezó ya con el nombre, lo tuvo unos días, se lo quedó, trabajó también con los textos. Es un dibujo tan lindo, tan colorido, es una obra de arte también. Lo dibujaba mientras yo le leía en voz alta los textos. La trabajamos mucho con la editorial Velas al Viento, una cosa profesional de mails que van y vienen, con respeto, con mucho cuidado. Trabajó también mi hija Daiana Reinhardt, que es editora. Muy exigente. Con mucho miedo. Le costaba editar los textos porque lloraba cuando leía. Y también quiero agradecer y mucho a mi amiga María Alicia Vaccarini que trabajó en la corrección

Tenemos la ventaja de preguntarle a Blanca Alegre, antes de la presentación del libro, qué va a decir ese día.

Quiero decir que no hay obligación de leerlo. Espero que les de ganas. Y como cualquier libro, él te elige a vos. Ya no es mío. Va a ir eligiendo gente. Ya fue eligiendo a los que se los regalé. En la presentación no sé qué diré, yo a veces preparo y termino hablando lo que me sale en el momento. Tengo ganas de trabajarlo con colegas o con gente que esté trabajando en lo social para hablar de vida cotidiana y pensar que lo que pensamos, nos atraviesa, la política, la religión, hace que actuemos de una manera y las historias, los relatos, las narrativas personales se pueden reeditar. Eso es lo que hacemos los trabajadores sociales en cada entrevista. Hacemos que la persona nos cuente y le decimos lo que nos parece, entonces esa persona se reescribe y a la vez nosotros agarramos esa historia y tenemos que traducirla al idioma político, al idioma del juez. al idioma del médico y decirle lo que le está pasando a esa persona. También es una re-edición. Las teorías sociales actuales, la sociología está tomando de la lingüística todos esos elementos, porque la sociedad actual esta basada en discursos y somos el discurso que adoptamos y después actuamos porque nos creemos ese discurso. Y el juego es poder volverlo a pensar. Al pertenecer a mundos que me son extraños, siempre rescato que hay que democratizar la escritura, el teatro. Que todos podemos escribir, que todos podemos actuar, que todos podemos jugar y que no es una cosa para iluminados. Hay que meterse, animarse, vencer barreras, leer cosas, prepararse, pero está al alcance de todos. Yo he promovido siempre la lectura y me sorprendo gratamente cuando veo cómo escribe la gente a partir de eso“.